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16 de abril de 2017

Pascua De Resurrección

Pascua De Resurrección



¡Cristo resucitó!



En una de sus epí­stolas, San Pablo dice: si Cristo no resucitó, entonces somos las más desgraciadas de todas las personas... Y, en efecto, si Cristo no resucitó, entonces toda nuestra fe, todo lo que llamamos nuestra experiencia espiritual, está construida sobre mentiras o ilusiones.

¡Pero Cristo verdaderamente ha resucitado! Esto lo sabemos por experiencia personal; no sólo decenas, ni miles, sino millones de personas han experimentado en sus vidas la presencia viva de Cristo. Pero también creemos en Su resurrección en la carne, de Su cuerpo, de lo cual dan testimonio los apóstoles, diciendo que relatan lo que vieron con sus propios ojos, escuchado con sus oí­dos, tocado con sus manos (1 San Juan 1: 1).

De hecho, las mujeres miróforas llegaron a la tumba y encontraron que la piedra habí­a sido removida de la tumba, y un ángel las instó a entrar y cerciorarse de que la tumba estaba vací­a. Luego Pedro y Juan fueron y también descubrieron la tumba vací­a y el sudario, en el cual estaba envuelto Cristo, que yací­a vací­o también porque el cuerpo de Cristo ya no estaba allí­. Cristo se apareció luego a sus discí­pulos: comí­a con ellos, hablaba, tocaron su cuerpo resucitado, por su propia experiencia corporal se convencieron de que Cristo no es un espí­ritu, no es un fantasma, sino Su Maestro resucitado en la carne, Quien venció la muerte. Y ciertamente, ¿qué hay de sorprendente en esto?

Si realmente creemos que Cristo es el Hijo de Dios, que es Dios mismo, que vino en la carne para salvar al mundo, es difí­cil creer en su muerte, pero es muy fácil creer en Su resurrección. ¿Cómo pudo Cristo morir corporalemente, siendo la vida misma? ¡¿Cómo podí­a Cristo seguir siendo un prisionero de la muerte, siendo Él mismo la vida triunfante, eterna?! Por lo tanto, con alegrí­a y con fe saludémonos unos a otros, sabiendo que Cristo resucitó en la carne y porque eso mismo constituye la promesa de nuestra resurrección, a su tiempo. La muerte dejó de ser un motivo de temor para nosotros, sino que es la puerta que nos lleva a la eternidad. Y cuando llegue el momento, la voz de Dios que hizo surgir a todas las cosas a la existencia, volverá a sonar con gran fuerza y todos seremos resucitados en la carne y el espí­ritu, y cantaremos al Señor un canto de alegrí­a eterna, de celebración y acción de gracias.

¡Cristo resucitó!

 
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